Entre risas y valores, los entrenadores de la M19 transmiten pasión y amistad.
Cuando Fernando Spitaleri (“Balú”), Carlos De Martino (“Patas”) y Ricardo Balero (“Ballarta”) se juntan, es imposible no reírse. Con una trayectoria enorme compartida en Belgrano y años dirigiendo juntos la M19, estos tres entrenadores forman un equipo único. El nombre de su grupo de WhatsApp habla mucho de ellos y de su forma de trabajo: “Los tres chiflados”. Así, entre chistes y anécdotas, charlamos con ellos sobre su historia, la importancia de los valores que aprendieron en el club y cómo los transmiten a la nueva generación de jugadores.
Balú: Somos de diferentes camadas. Yo de la 62´, Patas de la 61´ y Ballarta de la 59´. Todos venimos desde muy chicos al club, pero nuestra amistad surge de los 18 para arriba, en el momento que se empiezan a juntar las diferentes camadas. Jugamos juntos en el Plantel Superior durante muchos años, y a partir de ahí surgió una amistad muy grande.
Patas: Nuestro gran desafío es formar personas. El club es un acompañamiento esencial en una etapa clave como la adolescencia. Los chicos enfrentan decisiones importantes: el colegio, la facultad, y en lo deportivo, si continúan en el plantel superior o no. Las giras internacionales que organiza el club cada dos o tres años también son momentos decisivos para ellos.
Balú: A nivel entrenamiento, nunca nos planteamos desafíos rígidos. Nuestro foco siempre es venir, disfrutar y acompañar a los chicos. En lo deportivo, trabajamos para que la M19 logre quedar entre los primeros puestos durante la 1ra etapa del año, para después jugar con los mejores.
Balú: Una de las cosas más importantes de Belgrano, del deporte y sobre todo del rugby, es la amistad. A medida que pasa el tiempo, uno se va quedando en el club por la amistad y las ganas de seguir participando. A nosotros tres, por suerte, nos encanta Belgrano, nos encanta esta amistad, y cada vez que venimos acá es una alegría inmensa. Desde hace 9 años entrenamos juntos, y cada vez que terminamos los domingos a las cinco y media de la tarde, nos bajamos del auto, decimos ‘qué bien la pasamos‘. Y ese es el objetivo principal, el motor: pasarla bien. Cuando me preguntan, “¿otra vez seguís entrenando?”, les respondo que sí, porque me divierto. El día que no me divierta, no entrenaré más. Todavía no conozco esa sensación.
BALLARTA: En Belgrano hay situaciones de respeto, de formación, de amistad. Principalmente, de entender al otro y de nutrirse. Valoramos también lo mucho que te dan los chicos. Te nutren, te cambian, te deconstruyen. Hay una valoración muy grande de su lado, que la demuestran siempre con el cariño, el respeto y el agradecimiento.
Patas: En el 82’, Belgrano descendió de Primera a Segunda. Pero en el 83’ volvimos a Primera y nosotros tres formamos parte de ese ascenso. Todo el plantel estaba lleno de pibes de 22-23 años o menos y jugábamos contra gente de edad más avanzada. Realmente le metimos muchísima garra. Sin dudas fue un momento muy importante.
Ballarta: Este año tuve un problema de corazón. Me fui a hacer un eco-estrés y, semanas después, Guillermo Vaccarino, cirujano y papá de un exjugador de M19 (Augusto), quien -apenás se enteró de mi estado- viajó desde la otra punta del país y dejó todo para venir a operarme. Cuando le pregunté cuánto le debía, me respondió: “Ballarta, yo a vos no te cobro nada. Todo lo que hiciste por mi hijo y mi familia no tiene precio”. Esos son los intangibles de entrenar en Belgrano, cosas que das sin darte cuenta y que los demás valoran muchísimo.
BALLARTA: Nos apodaron ‘Los tres chiflados’ porque todo lo que hacemos, lo hacemos desde el humor y la amistad, porque la pasamos bien y porque es como una terapia de grupo.
BALÚ: Este que tenemos es el mejor hobby que hay en el mundo. No hay otro igual.
PATAS: Esto lo hacés porque te gusta. Es por amor. Llueva o truene, ahí estamos nosotros.
BALLARTA: Hablando de lluvia… Acá una anécdota, con mención especial para el “Pelado” Rebussone (papá de Mauro y Julián) quien nos ayudó por mucho tiempo con la organización de las plantillas y muchas cosas más: un crack. Una vez estábamos nosotros 3 y el “Pelado” en Luján con a la M19, era pre-pandemia. Y resulta que estos (señala a Patas, a Balú y, simbólicamente, también al “Pelado”) me jugaron una brava…
PATAS: Y… en un grupo siempre están los que piensan y los que tienen que ejecutar…
BALÚ: Parecía joda… Estábamos en la zona del buffet techado, Ballarta se manda primero afuera para comenzar con el entrenamiento y de golpe: diluvio total, se viene el cielo abajo. Los 3 que estábamos bajo techo nos quedamos adentro, nos miramos y dijimos “No salimos por nada del mundo”. Le hicimos un saludito y ahí se quedó él nomás.
BALLARTA: Después dejó de llover y estos 3 estaban impecables… (risas)
BALLARTA: Belgrano te da amigos, contención y te mantiene activo social y deportivamente. Es lo más lindo que hay en la vida.
PATAS: Belgrano te une y te ayuda. Es contención pura.
BALÚ: Este club es extraordinario. Llegué a los seis años y no me fui nunca más. La amistad que se genera acá es de las mejores cosas que le pueden pasar a alguien en la vida.
Con pasión, risas y compromiso, “Los tres chiflados” siguen escribiendo su historia en Belgrano, inspirando a nuevas generaciones a vivir y disfrutar el rugby en su máxima expresión.